Evangelio del domingo 29 de marzo de 2026
Domingo de Ramos · color rojo
Evangelio según san Mateo (Mt 26, 14 – 27, 66)
14Entónces Judas Iscariote, uno de los doce, fue á verse con los príncipes de los sacerdotes, y les dijo: 15¿Qué quereis darme, y yo le pondré en vuestras manos? Y se convinieron con él en treinta monedas de plata. 16Y desde entónces andaba buscando coyuntura favorable para hacer la traicion. 17Instando el primer dia de los ázimos, acudieron los discípulos á Jesus y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te dispongamos la cena de la Pascua? 18Jesus les respondió: Id á la ciudad en casa de tal persona, y dadle este recado: El Maestro dice: Mi tiempo se acerca, voy á celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos. 19Hicieron pues los discípulos lo que Jesus les ordenó, y prepararon lo necesario para la Pascua. 20Al caer de la tarde, púsose á la mesa con sus doce discípulos. 21Y estando ya comiendo, dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me hará traicion. 22Y ellos, afligidos sobremanera, empezaron cada uno de por sí á preguntar: ¡Señor! soy acaso yo? 23Y él en respuesta dijo: El que mete conmigo su mano en el plato para mojar el pan, ese es el traidor. 24En cuanto al Hijo del hombre, él se marcha, conforme está escrito de él; pero ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre será entregado! mejor le fuera al tal si no hubiese jamás nacido. 25Y tomando la palabra Júdas, que era el que le entregaba, dijo: ¿Soy quizá yo, maestro? Y respondióle Jesus: Tú lo has dicho, tú eres. 26Mientras estaban cenando, tomó Jesus el pan, y le bendijo y partió, y diósele á sus discípulos, diciendo: Tomad, y comed: este es mi cuerpo. 27Y tomando el cáliz dió gracias (le bendijo), y diósele, diciendo: Bebed todos de él. 28Porque esta es mi sangre que será el sello del nuevo Testamento, la cual será derramada por muchos para remision de los pecados. 29Y os declaro que no beberé ya mas desde ahora de este fruto de la vid, hasta el dia en que beba con vosotros de el nuevo cáliz de delicias en el reino de mi Padre. 30Y dicho el himno de accion de gracias, salieron ácia el Monte de los olivos. 31Entónces dìceles Jesus: Todos vosotros padeceréis escándalo por ocasion de mì esta noche y me abandonaréis. Por cuanto está escrito: Heriré al pastor, y se descarriarán las ovejas del rebaño. 32Mas en resucitando yo iré delante de vosotros á Galilea, donde volveré á reuniros. 33Pedro respondiendo, le dijo: Aun cuando todos se escandalizaren por tu causa, nunca jamás me escandalizaré yo, ni te abandonaré. 34Replicóle Jesus: Pues yo te aseguro con toda verdad, que esta misma noche antes que cante el gallo, me has de negar tres veces. 35A lo que dijo Pedro: Aunque me sea forzoso el morir contigo, yo no te negaré. Eso mismo protestaron todos los discípulos.. 36Entre tanto llegó Jesus con ellos á una granja llamada Gethsemaní, y les dijo: Sentáos aquí, mientras yo voy mas allá, y hago oracion. 37Y llevándose consigo a Pedro y á los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, empezó á entristecerse y angustiarse. 38Y les dijo entonces: Mi alma siente angustias mortales: aguardad aquí, y velad conmigo. 39Y adelantándose algunos pasos, se postró en tierra caido sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mio, si es posible, no me hagas beber este cáliz; pero no obstante no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú. 40Volvió despues á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿Es posible que no hayais podido velar una hora conmigo? 41Velad, y orad para no caer en la tentacion. Que si bien el espíritu está pronto, mas la carne es flaca. 42Volvióse de nuevo por segunda vez, y oró diciendo: Padre mio, si no puede pasar este cáliz sin que yo le beba, hágase tu voluntad. 43Dió despues otra vuelta, y encontrólos dormidos; porque sus ojos estaban cargados de sueño. 44Y dejándolos, se retiró aun á orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 45En seguida volvió á sus discípulos, y les dijo: Dormid ahora y descansad: he aquí que llegó ya la hora, y el Hijo del hombre va luego á ser entregado en manos de los pecadores. 46Ea, levantaos, vamos de aqui: ya llega aquel que me ha de entregar. 47Aun no habia acabado de decir esto, cuando llegó Júdas, uno de los doce, seguido de gran multitud de gentes armadas con espadas y con palos, que venian enviadas por los príncipes de los sacerdotes, y Ancianos ó senadores del pueblo. 48El traidor les habia dado esta seña: Aquel á quien yo besáre, ese es, aseguradle. 49Arrimándose pues luego á Jesus, dijo: Dios te guarde, maestro. Y le besó. 50Díjole Jesus: ¡Oh amigo! á qué has venido aquí? Llegáronse entónces los demas, y echaron la mano á Jesus, y le prendieron. 51Y hé aquí que uno de los que estaban con Jesus, tirando de la espada, hirió á un criado del príncipe de los sacerdotes, cortándole una oreja. 52Entónces Jesus le dijo: Vuelve tu espada á la vaina; porque todos los que se sirvieren de la espada por su propia autoridad, á espada morirán. 53¿Piensas que no puedo acudir á mi Padre, y pondrá en el momento á mi disposicion mas de doce legiones de ángeles? 54Mas ¿cómo se cumplirán las Escrituras, segun las cuales conviene que suceda así? 55En aquella hora dijo Jesus á aquel tropel de gentes: Como contra un ladron ó asesino habeis salido con espadas y con palos a prenderme: cada dia estaba sentado entre vosotros enseñándoos en el Templo, y nunca me prendísteis. 56Verdad es que todo esto ha sucedido para que se cumplan las escrituras de los Profetas. Entónces todos los discípulos, abandonándole, se huyeron. 57Y los que prendieron á Jesus le condujeron á casa de Caiphás, que era Sumo pontífice en aquel año, donde los Escribas y los Ancianos estaban congregados. 58Y Pedro le iba siguiendo de léjos, hasta llegar al palacio del Sumo pontífice. Y habiendo entrado, se estaba sentado con los sirvientes, para ver el paradero de todo esto. 59Los príncipes pues de los sacerdotes, y todo el concilio andaban buscando algun falso testimonio contra Jesus, para condenarle á muerte; 60y no le hallaban suficiente para esto, como quiera que muchos falsos testigos se hubiesen presentado. Por último aparecieron dos falsos testigos, 61y dijeron: Este dijo: Yo puedo destruir el Templo de Dios, y reedificarle en tres dias. 62Entónces, poniéndose en pié el Sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada á lo que deponen contra tí? 63Pero Jesus permanecía en silencio. Y díjole el Sumo sacerdote: Yo te conjuro de parte de Dios vivo, que nos digas, si tú eres el Christo ó Mesías el Hijo de Dios. 64Respondióle Jesus: Tú lo has dicho, yo soy; y aun os declaro que veréis despues á este Hijo del hombre que teneis delante, sentado á la diestra de la magestad de Dios, venir sobre las nubes del cielo. 65A tal respuesta, eÍ Sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: Blasfemado ha: ¿qué necesidad tenemos ya de testigos? vosotros mismos acabais de oir la blasfemia con que se hace hijo de Dios: 66¿qué os parece? A lo que respondieron ellos diciendo: Reo es de muerte. 67Luego empezaron á escupirle en la cara y á maltratarle á puñadas, y otros despues de haberle vendado los ojos, le daban bofetadas. 68diciendo: Christo, profetízanos, adivina ¿quien es el que te ha herido? 69Mientras tanto Pedro estaba sentado fuera en el átrio, y arrimándose á él una criada, le dijo: Tambien tú andabas con Jesus el galileo. 70Pero el le negó en presencia de todos, diciendo: Yo no sé de qué te hablas. 71Y saliendo él al pórtico, le miró otra criada, y dijo a los que allí estaban: Este tambien se hallaba con Jesus nazareno. 72Y negó segunda vez afirmando con juramento: No conozco á tal hombre. 73Poco despues se acercaron los circunstantes, y dijeron á Pedro: Seguramente eres tú tambien de ellos; porque tu misma habla de galileo te descubre. 74Entonces empezó a echarse sobre sí imprecaciones y á jurar que no habia conocido a tal hombre. Y al momento cantó el gallo. 75Con lo que se acordó Pedro de la proposicion que Jesus le habia dicho: Antes de cantar el gallo, renegarás de mí tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente. 1Venida la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes y los Ancianos del pueblo tuvieron consejo contra Jesus, para hacerle morir. 2Y declarándole reo de muerte, le condujeron atado, y entregaron al presidente ó gobernador Poncio Piloto. 3Entonces Júdas, el que le habia entregado, viendo á Jesus sentenciado, arrepentido de lo hecho, restituyó las treinta monedas de plata á los príncipes de los sacerdotes y a los Ancianos, 4diciendo: Yo he pecado, pues he vendido la sangre inocente. A lo que dijeron ellos: A nosotros ¿que nos importa? allá te las hayas. 5Mas él arrojando el dinero en el Templo, se fue, y echándose un lazo, desesperado, se ahorcó. 6Pero los príncipes de los sacerdotes, recogidas las monedas, dijeron: No es lícito meterlas en el tesoro del Templo, siendo como son precio de sangre. 7Y habiéndolo tratado en consejo, compraron con ellas el campo de un alfarero, para sepultura de los extrangeros. 8Por lo cual se llamó dicho campo Hacéldama, esto es, campo de sangre, y así se llama hoy dia. 9Con lo que vino á cumplirse lo que predijo el Profeta Jeremías, que dice: Recibido han las treinta monedas de plata, precio del puesto en venta, segun que fue valuado por los hijos de Israel; 10y empleáronlas en la compra del campo de un alfarero, como me lo ordenó el Señor. 11Fue pues Jesus presentado ante el presidente, y el presidente le interrogó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los judios? Respondióle Jesus: Tú lo dices: lo soy. 12Y por mas que le acusaban los príncipes de los sacerdotes, y los Ancianos, nada respondió. 13Por lo que Pilato le dijo: ¿No oyes de cuántas cosas te acusan? 14Pero él á nada contestó de cuanto le dijo; por manera que el presidente quedó en extremo maravillado. 15Acostumbraba el presidente conceder por razon de la fiesta de la Pascua la libertad de un reo, á eleccion del pueblo; 16y teniendo á la sazon en la cárcel á uno muy famoso, llamado Barrabás, 17preguntó Pilato á los que habian concurrido: ¿A quién quereis que os suelte, á Barrabás, ó á Jesus, que es llamado el Christo ó Mesías? 18porque sabia bien que se le habian entregado los príncipes de los sacerdotes por envidia. 19Y estando él sentado en su tribunal, le envió á decir su muger: No te mezcles en las cosas de ese justo; porque son muchas las congojas que hoy he padecido en sueños por su causa. 20Entre tanto los príncipes de los sacerdotes, y los Ancianos indujeron al pueblo á que pidiese la libertad de Barrabás, y la muerte de Jesus. 21Así es que preguntándoles el presidente otra vez, y diciendo: ¿A quién de los dos quereis que os suelte? respondieron ellos: A Barrabás. 22Replicóles Pilato: ¿Pues que he de hacer de Jesus, llamado el Christo? 23Dicen todos: Sea crucificado. Y el presidente: Pero ¿que mal ha hecho? Mas ellos comenzaron á gritar mas, diciendo: Sea crucificado. 24Con lo que viendo Pilato que nada adelantaba, antes bien que cada vez crecía el tumulto, mandando traer agua, se lavó las manos á vista del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: allá os lo veais vosotros. 25A lo cual respondiendo todo el pueblo, dijo: Recaiga su sangre sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26Entonces les soltó á Barrabas: y á Jesus, despues de haberle hecho azotar, le entregó en sus manos para que fuese crucificado. 27En seguida los soldados del presidente, cogiendo á Jesus y poniéndole en el pórtico del pretorio ó palacio de Pilato, juntaron alrededor de él la cohorte ó compañía toda entera; 28y desnudándole, le cubrieron con un manto de grana; 29y entretejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y una caña por cetro en su mano derecha. Y con la rodilla hincada en tierra, le escarnecian, diciendo: Dios te salve, rey de los judíos. 30Y escupiéndole, tomaban la caña, y le herian en la cabeza. 31Y despues que así se mofaron de él, le quitaron el manto, y habiéndole puesto otra vez sus propios vestidos, le sacaron á crucificar. 32Al salir de la ciudad, encontraron á un hombre natural de Cyrene, llamado Simon, al cual obligaron a que cargase con la cruz de Jesus. 33Y llegados al lugar que se llama Gólgotha, esto es, lugar del calvario ó de las calaveras, 34allí le dieron á beber vino mezclado con hiel. Mas él, habiéndolo probado, no quiso beberlo. 35Despues que le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes: con esto se cumplió la profecía que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sortearon mi túnica. 36Y sentándose junto á él le guardaban. 37Pusiéronle tambíen sobre la cabeza estas palabras que denotaban la causa de su condenacion: Este es Jesus el rey de los Judios. 38Al mismo tiempo fueron crucificados con él dos ladrones, uno á la diestra, y otro á la siniestra. 39Y los que pasaban por allí, le blasfemaban y escarnecian meneando la cabeza, y diciendo: 40Hola, tú que derribas el Templo de Dios, y en tres dias le reedificas, sálvate á tí mismo: si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41De la misma manera tambien los príncipes de los sacerdotes, á una con los Escribas y los Ancianos, insultándole, decian: 42A otros ha salvado, y no puede salvarse á sí mismo: si es el rey de Israél, baje ahora de la cruz, y creerémos en él: 43él pone su confianza en Dios: pues si Dios te ama tanto, líbrele ahora, ya que el mismo decia: Yo soy el Hijo de Dios. 44Y eso mismo le echaban en cara aun los ladrones que estaban crucificados en su compañía. 45Mas desde la hora sexta hasta la hora de nona quedó toda la tierra cubierta de tinieblas. 46Y cerca de la hora nona esclamó Jesus con una gran voz, diciendo: Elí, Elí, lamma sabacthani? esto es: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado? 47Lo que oyendo algunos de los circunstantes, decian: A Elías llama este. 48Y luego corriendo uno de ellos tomó una esponja, empapóla en vinagre, y puesta en la punta de una caña, dábasela á chupar. 49Los otros decian: Dejad, veamos si viene Elías á librarle. 50Entonces Jesus, clamando de nuevo con una voz grande y sonora, entregó su espíritu. 51Y al momento el velo del Templo se rasgó en dos partes de alto á bajo, y la tierra tembló, y se partieron las piedras, 52y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos, que habian muerto, resucitaron. 53Y saliendo de los sepulcros deSpues de la resurreccion de Jesus, vinieron á la ciudad santa, y se aparecieron á muchos. 54Entre tanto el centurion y los que con él estaban guardando á Jesus, visto el terremoto, y las cosas que sucedian, se llenaron de grande temor, y decian: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios. 55Estaban tambien allí á lo lejos muchas mugeres, que habian seguido á Jesus desde Galilea para cuidar de su asistencia; 56de las cuales eran María Magdalena y María madre de Santiago y de Joseph, y la madre de los hijos de Zebedeo. 57Siendo ya tarde, compareció un hombre rico natural de Arimathea, llamado Joseph, el cual era tambien discípulo de Jesus. 58Este se presentó á Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesus, el cual mandó Pilato que se le entregase. 59Joseph pu, tomando el cuerpo de Jesus, envolvióle en una sábana limpia, 60y le colocó en un sepulcro suyo que habia hecho abrir en una peña, y no habia servido todavía; y arrimando una gran piedra, cerró la puerta del sepulcro, y fuése. 61Estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas en frente del sepulcro. 62Al dia siguiente, que era el de despues de la preparacion del sábado, ó el sábado mismo, acudieron juntos á Pilato los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos, 63diciendo: Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando todavía en vida, dijo: Despues de tres dias resucitaré. 64Manda pues que se guarde el sepulcro hasta el tercero dia, porque no vayan quizá de noche sus discípulos, y le hurten, y digan á la plebe: Ha resucitado de entre los muertos; y sea el postrer engaño mas pernicioso que el primero. 65Respondióles Pilato: Ahí teneis la guardia, id, y ponedla cómo os parezca. 66Con eso yendo allá, aseguraron bien el sepulcro, sellando la piedra, y poniendo guardas de vista.
Traducción de Félix Torres Amat: La Sagrada Biblia, tomo XIII (Madrid, 1836). De dominio público, con la ortografía original. Leer en la Biblia de la Conferencia Episcopal.
Las demás lecturas
- Primera lectura: Is 50, 4-7
- Salmo: Sal 21, 8-9. 17-18. 19-20. 23-24
- Segunda lectura: Flp 2, 6-11
Para rezar este día
Calendario litúrgico de España. Las lecturas siguen el leccionario.